Defensores del Evangelio

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PREDICAR EL VERDADERO EVANGELIO

Algunos proclaman un “evangelio de salvación”, otros un “evangelio de gracia”. Aún otros creen en un “evangelio de milagros” o en un “evangelio social”. Más aún; otros piensan en un “evangelio de alimentos”, “sanación” o de “fe”. Y hay algunos quienes simplemente piensan en un “evangelio de prosperidad” cuando oyen esta palabra. ¡Todas estas ideas creadas por el hombre, nos revelan que ignoran la verdad descrita en la Biblia!


Veamos el relato de Marcos: “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios”. Este es el evangelio que Jesús predicó; y lo hizo en el mismo contexto: “Arrepentíos, y creed en el evangelio.” ¿Qué evangelio?…el “evangelio del reino de Dios”. Y que la única entrada en ese Reino es por medio de Jesucristo el Hijo de Dios que murió en la cruz por nuestros pecados.


El versículo 1 de Marcos hace referencia a este mensaje cuando declara: “El principio del evangelio de Jesucristo”. El evangelio de Jesucristo era acerca del REINO DE DIOS, es decir: ÉL mismo— ¡y ninguna otra cosa! Debemos creer en ese evangelio — y no una falsificación o sustituto ideados por el hombre.

La gran comisión de predicar este Reino, no es algo insignificante que la iglesia hace, es - LO que estamos comisionados a hacer. ¿Nos damos cuenta de que tendremos que rendir cuentas en el Día del Juicio por nuestra participación en llevar el Evangelio a las naciones? ¿Reflejan nuestras vidas lo que ciertamente entendemos, que aparte del evangelio nadie será salvo?

“Si Cristo era Dios y murió por mi, no hay nada que sea demasiado para hacer por Él.”

Lee estas palabras cuidadosamente. Pesa tu vida y deseos con estas palabras.

“Si yo hubiese creído con convicción lo que millones dijeron que creyeron: que el conocimiento y la practica de la religión era todo para mi; arrojaría de mí como un peso, cada pasión mundana; estimaría cada consideración mundana como insana y cada pensamiento mundano como vanidad. Mi fe seria el primer pensamiento en la mañana, y mi última imagen antes de dormirme; trabajaría sólo por la causa de Cristo, pensaría sólo en la eternidad y estimaría cada alma ganada como lo más valioso, aun si esto significara una vida de sufrimiento. Ninguna consecuencia terrenal me detendría o calmaría mis labios; los placeres del mundo o sus penas no ocuparían un sólo momento mis pensamientos. Me centraría sólo en la eternidad y en las almas inmortales que están alrededor de mí, destinadas a la miseria eterna. Iría al mundo y predicaría a tiempo y fuera de tiempo y mi texto lema seria: “¿Que provecho tiene el hombre si gana todo el mundo y pierde su alma?"

Al ver hacia el nuevo milenio, debemos estar mirando hacia el mundo y la batalla que allí se alborota. Estos son los mejores momentos en la historia del cristianismo.
Dios ha abierto puerta a través del mundo, de modo que podamos predicar el Evangelio en lugares que sólo unos años atrás estaban totalmente más allá de nuestro alcance. Las puertas están abiertas, pero ¿pasaremos por ellas? ¿Tomaremos ventaja de este momento: el más estratégico de la historia? Este no es un tiempo de hombres de mentes estrechas, corazones pequeños y espíritus pusilánimes. Estos no son tiempos de sólo mantenernos firmes; sino que son tiempos de marchar hacia adelante.

Debemos poner el mundo detrás de nosotros, pasar a través de las puertas que han sido abiertas para nosotros, poner nuestras manos en el arado y nunca mirar hacia atrás.

El mundo es un lugar grande y hay tantas personas que nunca han sido alcanzadas con el Evangelio. Hay tanto por hacer y tanto más que pudiera ser hecho.
¿Tomara la Iglesia ventaja de la oportunidad de ver la gloria de Dios en las naciones? ¿Oirás TÚ el llamado de poner a un lado tu vida y convertirte en parte de algo mucho más grande que tú? ¿Qué harás? ¿Puedes pensar en una cosa mayor a la que puedas entregar tu vida, que a la predicación del Evangelio a aquellos que nunca lo han oído? No es un tiempo de pensar en carreras, sino sobre en un Reino. ¿Para que quieres tú fama, cuando Dios nos promete gloria? ¿Por qué estaremos buscando la riqueza del mundo cuando la riqueza de los cielos será nuestra? ¿Por qué hemos de correr tras una corona que perecerá con el tiempo, cuando estamos llamados a obtener una corona que es imperecedera?

Mi querido amigo, corramos a la batalla de modo que podamos estar con Él…

¡En el Gran Día de Victoria!

En los últimos 2000 años, la batalla por el avance del Reino de Cristo ha sido una batalla costosa. Se ha estimado que en el Siglo I cerca de 50 millones de cristianos fueron martirizados y ahora cada años alrededor de 300,000 son añadidos al número de aquellos que menospreciaron sus vidas hasta la muerte.

Apocalipsis 12:11
Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.



Cerca de 1,000 creyentes por día sacrifican su vida en la batalla llevando el evangelio de Cristo a todos los hombres. Aun mientras lees esto cientos están muriendo, y diez miles están encerrados en prisiones y cárceles. Su único crimen es su fe en Cristo y su indisposición de abandonar sus Biblias y cesar de predicar el Evangelio.

¿Cómo debemos responder nosotros a la luz de tales terribles fatalidades? Solo hay una respuesta: Debemos correr DE CABEZA a la batalla, y dar nuestras propias vidas por LA ÚNICA CAUSA QUE PERMANECERÁ: la venida del Reino de nuestro Señor y Dios.

Como tu hermano en Cristo, te ruego que vengas a ser un verdadero soldado en la batalla para llevar el Evangelio de Jesucristo a cada hombre. La mies es mucha y los verdaderos obreros son pocos. No necesitas de un año de un supuesto discipulado para iniciar tu batalla y llevar contigo la cruz de Cristo, ya no vives tu sino Cristo en ti.


Shalom