Defensores del Evangelio

Buscar post en este blog

“SOY UNA OFENSA PARA LOS CRISTIANOS DE HOY”

Los cristianos deben aprender que no podemos evitar ser una ofensa al mundo y aún permanecer fieles al evangelio. El evangelio es inherentemente ofensivo. Cristo mismo es ofensivo a los incrédulos. Él es una ofensa para todo lo que está en error. Es una ofensa para todos los que rechazan la verdad. Él es una “Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados” (I Pedro 2: 8).
El auténtico cristianismo siempre ha reconocido que la verdad no se puede cambiar. La Palabra de Dios está establecida para siempre en los cielos (Salmos 119: 89). Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos 13: 8). Dios mismo no cambia (Malaquías 3: 6). La verdad no es transitoria, flexible o adaptable.
No crean, si eres fiel a Jesucristo y predicas su evangelio, eres una ofensa para el mundo, incluso eres ofensivo para miembros de tu propia iglesia. Somos una ofensa y nos rechazan por predicar la verdad: arrepentimiento de pecado, fe en Cristo y aborrecer al mundo con todas tus ansias. Somos ofensa cuando negamos enseñanzas vacías y carente de sustento bíblico como el evangelio de la prosperidad, los encuentros, el sistema G12 o D12, los pactos de dinero, etc, etc.
Cuando la iglesia pierde su compromiso con la inflexibilidad de la verdad pierde su voluntad para discernir. Echa a perder la teología precisa, la moral precisa y la conducta precisa. El pensamiento correcto y la vida correcta demandan una disciplina cuidadosa y un compromiso inflexible con la verdad. El discernimiento no sobrevive en una atmósfera de confusión doctrinal. No sobrevivirá donde se tolere el relativismo y no puede sobrevivir si nos comprometemos con el mundo.

Por ejemplo: Un falso ministro como Miguel Arrazola enseña que la "VANIDAD según la biblia es TENER PLATA y ni siquiera darse un gusto" y lo peor es que sus seguidores repiten esta herejia como loros por donde quiera. Desde hace años, muchos líderes cristianos prominentes han dicho abiertamente que vivimos en la época de la iglesia tibia, al estilo de Laodicea. 
La iglesia de Laodicea es la última de las siete iglesias a las que se dirige Jesús en el libro de Apocalipsis (Apoc.3:14-22). En este pasaje, Jesús dice: “Porque eres tibio, y no frío ni caliente, TE VOMITARÉ DE MI BOCA… Por tanto, sé celoso, Y ARREPIÉNTETE.” - La iglesia de Laodicea está bajo la amenaza de un juicio inminente - de ser “vomitada” de la boca de Dios. La única esperanza es un arrepentimiento profundo, y esto debe suceder inmediatamente. Durante los últimos quince años, este reconocimiento se ha vuelto aun más urgente, porque se han pronunciado advertencias de que pronto “el juicio comenzará con la casa de Dios”. 1Pe 4:17 Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Por favor ten presente que esto es “Juicio” de Dios. No es una amenaza vacía. Dios hará lo que ha dicho.

Un factor que contribuye a la decadencia de la iglesia contemporánea es la preocupación por la imagen y la influencia. La idea equivocada de “ganar” las personas para Cristo pero ganando primero el favor del mundo es la peor filosofía. Sugerir que los cristianos deberían intentar hacer que los pecadores no convertidos se sientan cómodos con el mensaje de SALVACIÓN es fatal. El punto según es, hacer de la iglesia un lugar que no sea amenazador, donde los incrédulos se sientan que pertenecen naturalmente, no atormentar a los que no son cristianos con sus Pecados, en vez de confrontar su incredulidad; hacerse amigos del mundo en vez de mantenerse separados.
Todo esto suena muy lindo, cálido y amigable para esta generación posmoderna, pero no es la estrategia para el evangelismo que se nos ha dado en la Escritura. De hecho, es completamente incompatible con la sana doctrina. Es una forma de compromiso con el mundo. Santiago lo llamó adulterio espiritual (Santiago 4: 4). Por ejemplo: ¿Qué diferencias hay entre un rapero incrédulo (vestir, hablar, gesticular) con un rapero creyente que se amolda al mundo para GANAR a otros?, a los ojos del mundo ninguno y a los ojos de Dios tampoco.

Efectos de esta falsa estrategia

Existen varios efectos de este tipo de acercamiento evangelístico y doctrinal, por ejemplo, la predicación ha sido remplazada por el entretenimiento; la verdad se ha desplazado por el escepticismo. Se hace atractivo cortejar con el mundo, aunque la Palabra de Dios afirme: “no os extrañéis si el mundo os aborrece” (I Juan 3: 13), Y no dijo Jesús: “el mundo… a mí me aborrece, porque yo testifico de él, que sus obras son malas” (Juan 7: 7).
El apóstol Pablo francamente no hubiera tenido paciencia para esas tácticas. Él nunca buscó ganar el mundo a través de la aceptación intelectual, popularidad personal, imagen, status social, reputación o cosas por el estilo. Él escribió: “hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos” (I Corintios 4: 13).
El momento en que cualquier iglesia sale para hacer amistad con el mundo, la iglesia se pone a sí misma en enemistad con Dios (Santiago 4: 4). La gente está siendo mal conducida por el ejemplo de algunos de los líderes de la iglesia. Ellos están comprando la desilusión de que la fidelidad a la Palabra de Dios es opcional. Además, como la predicación bíblica continúa disminuyendo, la ignorancia de la Escritura crece. Eso exacerba cada problema que proviene de la declinación del discernimiento, y el ciclo de desastres continúa.

Un tremendo “sacudón” y juicio está cerca.

Yo creo que es la tarea de un verdadero creyente, advertir a voz alta a aquellos que están durmiendo cuando se acerca un peligro; como un guardián sobre los muros. Los profetas nunca son predicadores “agradables”. Cuando un profeta está siendo aceptado y ensalzado, su mensaje está perdido. El profeta es útil solamente mientras está siendo apedreado porque causa una molestia pública con sus llamados al arrepentimiento, sus interrupciones en nuestras rutinas acostumbradas, sus actos de quebrantar nuestros ídolos y de despedazar nuestros convenios sagrados. En este caso, yo he sido bastante desilusionado con algunos de los “profetas” actuales.
Parece que muchos de ellos han decidido enfatizar todos los aspectos “positivos” de la cosecha venidera, en vez de advertirnos acerca del peligro inminente. Si Dios muestra a un profeta que el juicio es inminente, entonces él tiene que usar todos los medios posibles para advertir a la gente, ¿no es cierto? De otra manera no está cumpliendo la comisión que Dios le encargó.

Es claro, proféticamente y desde las Escrituras, que la iglesia actual está en la situación de Laodicea, y le espera un juicio inminente y severo. Por tanto, los cristianos deben ser advertidos urgentemente. Hay un dicho antiguo: “La gente no huirá del peligro hasta que lo vean.” Este es el propósito de este capítulo: hacerles ver el peligro. No me disculparé por la forma directa y urgente de este mensaje, que para muchos es una ofensa.