Defensores del Evangelio

“SOY UNA OFENSA PARA LOS CRISTIANOS DE HOY”

Los cristianos deben aprender que no podemos evitar ser una ofensa al mundo y aún permanecer fieles al evangelio. El evangelio es inherentemente ofensivo. Cristo mismo es ofensivo a los incrédulos. Él es una ofensa para todo lo que está en error. Es una ofensa para todos los que rechazan la verdad. Él es una “Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados” (I Pedro 2: 8).
El auténtico cristianismo siempre ha reconocido que la verdad no se puede cambiar. La Palabra de Dios está establecida para siempre en los cielos (Salmos 119: 89). Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre (Hebreos 13: 8). Dios mismo no cambia (Malaquías 3: 6). La verdad no es transitoria, flexible o adaptable.