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La Sanidad de Dios y las Falsas Esperanzas de los SeudoApóstoles.


Hoy día, el don sobrenatural más discutido es, sin duda, el de sanidades. Ni aun el don de hablar lenguas atrae tanta atención como el de sanar. Los “sanadores” de nuestra generación son muy reconocidos. Sus falsas intenciones de aliviar el sufrimiento humano mediante pactos, súper-Fe, Confesión positiva, etc.; se celebran como "campañas de sanidad.".  En esta entrada examinaremos el don de sanidades como se practica en el siglo 21. Por el momento, veamos lo que era el don en el primer siglo y de los acontecimientos y doctrinas de la iglesia bajo los apóstoles.

¿Qué fue el don de sanidad en aquel tiempo?
¿Cómo se usaba?
¿Por qué fue dado?


Cuando podamos contestar bíblicamente estas preguntas, habremos adquirido el conocimiento del don de sanar que nos capacitará para juzgar correctamente las supuestas evidencias de la existencia del don en el siglo 21. Nuestra meta suprema es predicar siempre la verdad. No deje que nadie, sea este servidor u otro, predique o practique lo que no sea bien fundamentado en las Sagradas Escrituras.

INICIEMOS

1.     LA SANIDAD ERA PARA TODOS
 (Mayormente Incrédulos)

En el tiempo apostólico ambos - creyentes e incrédulos, fueron sanados por los que tenían el don de sanidad divina. El don no fue dado para el beneficio exclusivo de los cristianos según se puede confirmar en Hechos 3:1-10. Este pasaje relata la curación del hombre cojo de nacimiento. Explica el versículo 2 que el cojo era traído "cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa." Allí pedía limosnas. "Cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, junto con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: “Míranos, Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo" Estas últimas palabras son las del versículo 5. ¿Qué esperaba el cojo de Pedro y Juan? Parece muy cierto que no esperaba ningún milagro. Pedro sabía lo que esperaba el cojo y por lo tanto, dijo, según el versículo 6, “No tengo plata ni oro," El cojo esperaba recibir una moneda. No pidió un milagro. No rogó que sanaran el cuerpo. Ha de ser obvio a todo estudiante imparcial de las escrituras que el cojo no era un creyente en Cristo. No era cristiano. El Señor había ascendido y la iglesia ya había sido establecida. Pero el cojo no era miembro de la iglesia. Aparentemente ni aun conocía a Pedro y a Juan. Sí los hubiera conocido y si hubiera estado al tanto de todos los acontecimientos maravillosos del día de Pentecostés, entonces, sin lugar a dudas, hubiera esperado alguna manifestación del poder divino que operaba en Pedro y Juan. La conclusión lógica e irrefutable es que el cojo no era cristiano. Sin embargo, recibió sanidad. Pues, tenemos razón al sostener que la sanidad divina no fue limitada a la iglesia en aquellos tiempos apostólicos.

2.     LA SANIDAD A VECES ES SIN FE

Dicha afirmación recibe más apoyo mediante la evidencia de índole circunstancial que se encuentra en Hechos 5:14, 16. El texto nos cuenta de que los enfermos fueron llevados a las calles y puestos en camas y lechos "para que, al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos. Y aun de las ciudades vecinas muchos venían a Jerusalén trayendo enfermos y atormentados de espíritus inmundos; y todos eran sanados," dice la historia. Ni aun se implica que todos los enfermos tuviesen fe. Los que los trajeron sí creían; a lo menos tenían alguna esperanza. Pero, ¿qué sabían del Cristo resucitado? El evangelio no se había predicado en otras ciudades. ¿Se puede deducir que todos los que fueron llevados a Jerusalén ya habían creído en el Cristo resucitado? ¿Que ya se habían lavado en la sangre del Cordero? ¿Que ya tenían una fe grande en Cristo, aceptándole sin reservas como hijo de Dios? Creemos que no y la evidencia circunstancial nos apoya.

Otro caso similar se describe en Hechos 28:1-10. En la isla de Malta Pablo sanó al padre de Publio, el "hombre principal de la isla." ¿Era el padre de Publio creyente? La evidencia indica claramente que no lo era. Pablo entró donde él, oró por él, le impuso las manos, y le sanó. No le predicó antes de sanarlo. Pablo no requirió que se hiciera "Oración de fe" para que de esa manera fuera candidato para la sanidad. Otros de los habitantes de la isla fueron sanados. Pero, no se dice que tuvieran que creer antes de recibir sanidad.
A base de lo que acabamos de exponer hacemos la segunda observación, a saber, que la fe no era siempre un requisito indispensable para sanidad. ¿Cuánta fe tenía el cojo? Aparentemente no tenía ninguna. Y, ¿el padre de Publio? Es patente que no era creyente. Diríase lo mismo de muchos otros que fueron sanados en aquel tiempo.

3.     SANIDAD SIN PACTOS
(Sacrificios, Ofrendas o Diezmos)

El afortunado del tiempo apostólico que fue sanado no tenía que estar en perfecta comunión con Dios. No se le dijo que tenía que ser justo, justificado, regenerado, nacido de nuevo ni apartado de todo pecado. Ni tampoco se le dijo que tenía que ser un miembro fiel de la iglesia. ¿Cuántos diezmos daba el cojo? ¿Cuántos diezmos pagó el padre de Publio? ¿Cuántos días tenían que ayunar o vestirse con la manta de saco? ¿Cuánto tiempo pasaban preparándose espiritualmente para recibir su sanidad? Lo que vemos en aquellos tiempos es que los pecadores también fueron sanados. Es decir, personas fueron sanadas que no habían creído ni habían obedecido el evangelio. Esta verdad no debiera extrañarnos. Según la Biblia, algunas manifestaciones del poder del Espíritu Santo tales como el don de sanidad eran para probar a los incrédulos que era el Dios todopoderoso de los cielos que les hablaba y no un mero hombre. Una señal milagrosa hecha en el cuerpo de un incrédulo sería muy convincente.

4.     LA SANIDAD VIENE POR EL SANADOR

El saneamiento de un enfermo no dependía necesariamente de la fe del enfermo sino de la del sanador, o sea, del que tenía el don de sanidades. ¿Quién creyó cuando el cojo fue sanado? ¿El cojo o Pedro? El cojo no; Pedro sí. El que tenía el don de sanidades, sin duda alguna, tenía que creer sin reservas en el poder de Cristo. Al no creer, fracasaría. Era la fe del sanador lo que contaba. Si él tenía fe podría sanar a otros aunque éstos no creyeran.
Estudiando la sanidad divina en la iglesia primitiva ya hemos aprendido que; (l) los apóstoles podían sanar a ambos creyentes e incrédulos; (2) para el enfermo la fe no era, en todo caso, un requisito para sanidad (3) por lo tanto, uno no tenía que ofrecer Pactos con Dios para recibir la sanidad sobrenatural y (4) la Sanidad viene por el sanador y no por sanado.

Comparemos ahora las acciones de los Apóstoles Sanadores del primer siglo con los Seudo Apóstoles del siglo 21 y vernos algunas diferencias notables.

¿SANIDAD O PLACEBO?

Al leer la historia de la iglesia primitiva, observamos que los hermanos que recibieron el don de sanidad no siempre escogieron casos fáciles de curar. Parece patente que no tenían un plan, como algunos hoy día, de echar a un lado los casos difíciles y sólo “sanar” enfermedades imaginarias, no visibles o personas que con sugestión, puede hacer creer que fueron sanados.  Muchas veces, o casi siempre las enfermedades que fueron sanadas en las “campañas” no se pueden demostrar. El hombre cojo de Hechos 3 había estado en esa condición desde su nacimiento. Sanar a tal persona era, sin lugar a dudas, un verdadero milagro, un acto que hubiera sido imposible sin la intervención sobrenatural de Dios. ¿Quién daba testimonio de esa sanidad? Los que conocían al hombre cojo desde su nacimiento, no un transeúnte que pasaba y escuchó lo que había pasado.

Podemos citar también el ejemplo de los que fueron sanados milagrosamente aun por la sombra de Pedro. Hechos 5:16 dice que "todos eran sanados." Todos sin excepción. La Biblia no dice nada de que Pedro tuviera entrevistas con los enfermos que fueron sacados a las calles para que su sombra cayese solamente sobre alguno de ellos. El no rechazó sanar a algunos alegando que no tuvieran suficiente fe o que estuviesen en pecado. Sanó a todos. Asimismo Pablo sanó a los enfermos de la isla de Malta.

Notemos ahora todavía otra característica de los milagros de sanidad divina en el primer siglo. Cuando los hermanos que tenían este don lo usaban, las personas sanadas fueron curadas instantáneamente. ¿Cuánto tardó el cojo de Hechos 3 en caminar?. Hechos 3:7 dice que "al momento se le afirmaron los pies y los tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo." Pedro no le mandó a que se fuera a su casa para esperar la sanidad. Ni tampoco le habló de tener que crecer más en la fe, ni de purificarse para recibir sanidad. Pedro le sanó inmediatamente a aquel hombre que nunca había caminado y anduvo. Hacer tal milagro es dar prueba indisputable de tener un don sobrenatural. Aun los fariseos, los enemigos de la iglesia, se vieron obligados a confesar que se había hecho un gran milagro. Pero hoy día, los casos de sanidades son cuestionadas hasta por los mismos cristianos, pues son "curaciones" que dejan dudas respecto.

La siguiente observación que hacemos es que los que fueron curados no fueron sanados a medias sino que lo fueron completamente, perfectamente, de sus enfermedades. El cojo no quedó aún medio cojo después de que Pedro le habló. No tenía que seguir usando un bastón o muletas. Como se puede apreciar hoy día sobre personas “sanadas” que aún siguen tomando pastillas, siguen usando bastón o siguen con molestias.

LA SANIDAD NO ES PARA TODOS

El próximo punto es de mucha importancia para el entendimiento correcto del propósito del don de sanidad. Al escudriñar los pasajes del Nuevo Testamento que hablan sobre enfermedades, milagros de sanidad divina, etc., el estudiante atento se da cuenta de que no todos los cristianos fueron curados.

1.     Pese a las tres veces que Pablo oró al Señor, no recibió de Dios la sanidad que pedía. El Señor no le quitó el aguijón en la carne (2 Cor. 12:7-9).
2.     Epafrodito, miembro de la iglesia en Filipos, fue a Roma llevándole a Pablo una ofrenda de la congregación en Filipos. En Roma, Epafrodito se enfermó y estaba al punto de morir. El contexto indica que Pablo no hizo ningún milagro de sanidad para sanarlo. La implicación es que recobró la salud de una manera providencial (Fil. 2:19-30).
3.     En 1 Tim. 5:23, Pablo menciona las "frecuentes enfermedades" de Timoteo. De un hermano llamado Trófimo, Pablo dice que le había dejado en Mileto enfermo (2 Tim. 4:20).

¿Por qué estos no fueron sanados por el don que había en Pablo y otros hermanos? ¿Acaso Pablo, Epafrodito, Trófimo o Timoteo no tenían Fe, para ser sanados? ¿No decretaban o confesaban su sanidad?

La verdad es que la sanidad divina no era para todos, que el propósito de dar este don no era aliviar el sufrimiento de toda la raza humana, que ni aún era para curar a todos los hermanos fieles de la iglesia. ¿Por qué Pablo no sanó a Timoteo y a Trófimo? ¿Será que éstos no tenían suficiente superfe? No lo creemos.

La verdad es que el propósito del Espíritu Santo en dar el don de sanidad - no era para curar a todos. Si el Espíritu Santo hubiera tenido tal propósito, entonces indudablemente los apóstoles y otros con el don hubiesen estado en “campañas de sanidad” todo el tiempo como vemos hoy en día, entrando en hospitales, leprocomias, manicomios, y todo sitio, sacando a los enfermos y sanándolos de toda enfermedad. Pero, no aconteció así. Al contrario, aun algunos que tenían mucha fe, que se destacaban en la obra del Reino, no fueron sanados. Cristo siempre salva pero no siempre sana, ni aun al más fiel. ¿Quién era más fiel que Pablo? Pero Pablo no fue sanado.

EL PROPÓSITO DE LA SANIDAD COMO SEÑAL

¿Qué fue, entonces, el propósito del don de sanidad? A base de lo que las escrituras nos enseñan contestamos que el propósito primordial de este don maravilloso era confirmar la divinidad del mensaje llevado por la iglesia en el primer siglo. Acuérdese que la iglesia de aquellos días no tenía la Biblia escrita. El mensaje fue dado oralmente. Los que lo predicaron afirmaron que hablaban por el poder del único Dios verdadero. Al oír tal declaración los paganos se escandalizarían. No la aceptarían sin pruebas irrefutables, es decir: Señales ¿En qué consistirían tales señales? En milagros de sanidad divina, además de otros milagros y prodigios. El don de sanidades cae en la categoría de los dones que confirman la divinidad del evangelio.

Manifiestamente el don no servía en la iglesia primitiva para revelar la verdad. Ni tampoco ayudaba en la organización de la iglesia. Su función era probar que el mensaje proclamado vino de Dios y no de los hombres. Hablando del evangelio Heb. 2:3,4 dice que fue anunciado primeramente por Cristo y fue confirmado por los que oyeron, o sea, por los apóstoles. Luego el texto nos explica que Dios testificó juntamente con los apóstoles "con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”
¿Qué fue el propósito de las señales, prodigios, etc.? Dar testimonio. ¿Dar testimonio de qué? Pues, del evangelio. De nuevo podemos ver la importancia del evangelio en el plan de Dios para redimirnos. Para Dios las señales no son de importancia primordial sino el evangelio. Las señales sirven solamente para sostener la divinidad del Evangelio.

Ahora pregúntese si los predicadores modernos de SANIDAD Y PROSPERIDAD, hablan sobre esto. Pregúntese si los seudo-apóstoles tienen en verdad el don de Sanidad y lo aplican conforme a lo que hemos estudiado. ¿Cree usted que los milagros producidos a gran escala en las megas iglesias (recinto cerrado) se pueden comparar con los hechos expuestos en este artículo?
No se deje engañar con mentiras, no se deje confundir por su enfermedad. Si usted cree en Jesús pídale que su enfermedad le sea quitada y que sirva para que los incrédulos crean en el evangelio. Pero si  cree lo que le enseña el “Apóstol Zaqueo Iglesias” diciendo que “Decretando” sin antes “Pactando con Dios” usted puede ser sano, usted está viviendo una falsa esperanza.

FALSAS ESPERANZAS
USADAS POR LOS "SANADORES" DE HOY

¿Recuerdan los pasajes que más usan estos falsos maestros de la sanidad para sostener su doctrina? Veamos: Isaías 53:5 y Mateo 8:17
Entonces, analicemos: los  milagros de Jesús fueron efectuados tres años antes de la Cruz. En ninguna parte se establece que Cristo haya llevado nuestras enfermedades sobre la Cruz. Si Cristo hubiera expiado nuestras debilidades y nuestras enfermedades, entonces también habría abolido la muerte. Si el Señor murió por nuestras enfermedades, entonces su obra expiatoria en ese respecto ha sido un completo fracaso, porque hay enfermedad ahora como nunca antes. Y, en rigor de la verdad, algunos de los mayores santos de Dios tanto en el tiempo pasado como en esta generación, han sido hombres en cuerpo endeble y afligido de muchas enfermedades, tal como hemos visto hasta ahora. Pregúntese, si Cristo murió por nuestras enfermedades ¿Por qué Pablo, Timoteo y Epafrodito estaban enfermos?

Ahora veamos otro ejemplo importante es el de Marcos 16:18. Estas son las últimas instrucciones de Jesús antes de ascender a los cielos. Les ha ordenado a sus seguidores ir por todo el mundo. Ahora bien, Jesús dice que estas señales seguirán a su testimonio (como ya lo habíamos estudiado, los milagros son para testimonio del evangelio): “Echaran Fuera demonios, hablaran nuevas lenguas, tomarán serpientes y si beben veneno no les dañará. También pondrán sus manos sobre los enfermos y los sanarán.” Si los falsos ministros de sanidades toman esta cita para demostrar que pueden “sanar”, también ellos podrían tomar un frasco de veneno y no morirían, pero no lo harán porque son falsos ministros.

Por otro lado, una cita NO usada es Santiago 5:14. De todos los pasajes usados en los círculos de “sanidad divina”, este es quizás uno de los más ignorados, ya que no existen ancianos en estas Iglesias de Sanidad cada viernes o miércoles de la semana. Y por cierto que es un buen pasaje. Miremos cuidadosamente lo que enseña.

Aquel que esté enfermo debe llamar a los ancianos de la iglesia. Ahora pues, esto es muy diferente de que el enfermo vaya a una “reunión hipnótica de sanidad profundamente anunciada”. Es el enfermo quien debe llamar a los ancianos (no lo contrario), no a uno sino a varios, para que Oren por él. La promesa aquí dada es que la Oración de fe (La de los ancianos) salvará al enfermo y Dios levantará al enfermo si tal es su voluntad, y perdonará sus pecados. Esto no se aplica en las iglesias G12 o Modelo de Jesús, porque la idea es que vayas donde el “apóstol sanador”, hagas pacto (dinero) y aumentes sus arcas.

CONCLUSIÓN
Si siempre hubiera “señales de sanidad” u otras unidas a la enseñanza de la Palabra, indudablemente habría muchos que vendrían en pos del Señor meramente atraídos por ellas. Y Dios no quiere personas atraídas por las Señales sino por la Palabra. Es por eso que los falsos ministros se basan en mostrar “señales” para hacerles creer a las multitudes que vienen en el nombre de Dios y sacar provecho lucrativo. Es por eso que Jesús dijo en Mateo 16:4 “La generación mala y adúltera demanda Señal, pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás”  y ¿cuál es la señal del profeta Jonás? Búsquela en Jonás 3:4-5.

Marcos 16:20 dice, "Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían." Ahí otra vez la Biblia explica el propósito de las señales. ¿Qué era? No aliviar el sufrimiento físico de la raza humana, ni tampoco servir como prueba de que uno es salvo; sino confirmar el origen divino del Evangelio, confirmar la verdad de las Palabras de Dios. Y esa verdad ya está escrita en la Biblia y ya no necesitas una Señal para creer.